CINCO RAZONES POR LAS QUE AMAMOS LA TORTILLA DE PATATA (o el que no se consuela es porque no quiere)

Nos pasamos todo el año esperándolo, y luego, el muy rufián, se nos escapa como arena entre los dedos, que dirían los más líricos. A estas alturas, es una realidad: el verano se ha acabado. Atrás quedan los chiringuitos playeros, las obsesiones por lucir palmito y las puestas de sol bucólicas. Pero no se apuren, queridas y queridos; aún queda algún rayo suelto de sol que nos puede dar tregua para salir a la terraza y creer que estamos en Palm Beach, o para organizar alguna merienda campestre de filete empanado y tortilla. Y precisamente de eso va a ir el post de hoy. De la tortilla de patata, uno de los buques insignia de la gastronomía ibérica.

A juicio de quien suscribe, existen cinco razones que nos hacen enamorarnos de esta joya circular de la corona culinaria. Son las siguientes:

1- La tortilla de patata es uno de los inventos gastronómicos con más solera dentro de nuestro acervo digestivo. A pesar de que hay variedad de registros acerca de su procedencia, lo más seguro (y sé que esto le va a encantar a A.) es que su primera aparición surgiese en Navarra. Cuenta la leyenda que fue el general Zumalacárregui quien la inventó para llenar el estómago de los ejércitos carlistas. Sea como fuere, aquí podéis encontrar buena información sobre su historia y peculiaridades.

2- La tortilla de patata ha atravesado fronteras y ha puesto a los españoles en el mundo. Hace unos días, N. me contaba que la empezó a cocinar en el bar que su madre tiene en su país, Costa Rica, y que en un par de días los clientes entraban preguntando por “el plato ese español tan bueno que servíais el otro día”. Cómo será la cosa, que hasta han surgido imitaciones a lo largo de los años en países tan diametralmente opuestos a nosotros como Suiza, por ejemplo. Ellos hacen el rösti. A ver si encontráis diferencias…

3- Las rock and roll stars de la cocina se han rendido a los pies de la suculenta rueda, ya sea reinterpretándola, como en el caso de la tortilla de Ferrán Adriá (que en realidad inventó Marc Singla, uno de sus colaboradores), u homenajeándola en la gran pantalla, como hizo Arguiñano en “Airbag”

4- Hasta los más exigentes con su alimentación tienen acceso a la tortilla de patata. Buena prueba de ello es la tortilla vegana, que no emplea huevo en su elaboración.

5- Y qué caramba, que las cosas buenas de la vida, como lo es la tortilla de patata, te permiten conocer a gente estupenda. Yo, por ejemplo, he conocido a Milagros, cocinera en el bar La Fuente de Castro Urdiales (Cantabria) Esta mujer tiene premios en infinidad de certámenes gastronómicos, y su tortilla está considerada como una de las mejores de España. Después de haberla probado, yo diría que, junto con la de mi madre, es la mejor. La propia Milagros os cuenta paso a paso cómo la hace en el vídeo de hoy.

Pincha aquí para escuchar la canción

La tortilla de Ferrán. Sifón, día 2

Resulta que el mismo día que aprendo a hacer la tortilla del siglo XXI, la deconstrucción con espuma de patata que hizo famosa Ferrán Adriá, va la lista San Pellegrino World’s 50 Best Restaurants y dice que elBulli ya no es el mejor restaurante del mundo. Manda cojones. Para alguien como yo, con un toque obsesivo a medio camino entre Woody Allen y Mafalda, este tipo de requiebros dan mucho que pensar. Porque, a una mala, a lo mejor lo que el destino nos está intentando decir es que conducimos en dirección contraria, y que por más que nos esforcemos siempre vamos a llegar tarde.

Mientras E, profesora de cocina, presumía el otro día, sin hacer ostentación, de estar pasándonos el testigo de una receta única, fruto de la investigación, la vanguardia y una cierta bizarría a la hora de reinventar una combinación tradicional de ingredientes, el pobre Ferrán estaba cediendo el cinturón de campeón de los pesados a un púgil de los pucheros danés. Casi puedo verle, en su rincón de un cuadrilátero imaginario, rodeado de sus segundos y magullado dentro de su bata, mientras el escandinavo de los puños de oro (puños de almirez, se entiende) proclamaba a los cuatro vientos la victoria de su cocina zen ecoequilibrada. El único en cuatro años capaz de machacar las patatas de la tortilla de Ferrán, hasta reducirlas a un segundo plato. Vaya tela.

Pero ya sabemos lo que pasa con estas cosas de la imaginación, que luego no son para tanto. Así que Ferrán ha salido en los medios de comunicación quitándole hierro a la movida. Lo importante es que siga reinando la cocina española, dice. Y a mí me tranquiliza el tono sobrado de quien sabe que ha puesto cara a una revolución, y lo que te rondaré, morena. Quizá no nos estábamos dando cuenta de que conducíamos por una carretera de doble dirección.

Por lo demás, la clase de sifón deparó un par de recetas además de la tortilla: espuma de pil pil para decorar lomos de bacalao, y una mousse de chocolate blanco con lichis que, como postre, queda de lo más pintón.

¿Se entiende ahora por qué en el subtítulo de este blog aparece eso de las crisis personales?