Ella

Se me coló de noche, aprovechando la oscuridad y los sentidos enervados. En aquellos primeros días, comíamos queso con pan, sin complicaciones, y yo le prometía un pastel de berenjena que todavía no he terminado de cocinar.

Nuestro primer verano nos supo a francesinha* y a falta de práctica, y los siguientes, a tallín de ternera, a escalivada y a quesos sur la plage. Y también a falta de práctica. Pero igual que cuando te enseñan a cortar te dicen que hay que agarrar el cuchillo con firmeza, en perpendicular a la superficie, y te hacen repetir esa danza metálica una y otra vez, primero despacio y luego adquiriendo un ritmo inconsciente y mecánico, nosotros quisimos seguir haciendo brunoisse con nuestras vidas. Aunque en una de esas, casi nos llevamos un dedo por delante.

Juntos hemos descubierto que los viajes en coche y tienda de campaña saben a espaguetis cocidos en Campingaz. O que los jueves por la noche se parecen a una ensalada templada de espinacas, gulas y queso de cabra. Con ella cerca he sido capaz de perderle el miedo a las espinas del pescado y a algún que otro fantasma. Y en el camino, hemos ido encontrando la práctica que nos faltaba.

Hoy hace tres años que A apareció en mi vida. Como dice la canción, no podría quererla más, tiene un magnífico sabor.

* La francesinha es un sándwich portugués relleno de varios embutidos y un filete de ternera, y bañado en una salsa hecha a base de cerveza y tomate.

Anuncios