ALGUNAS APLICACIONES CON BIZCOCHO LIGERO (o la creatividad como truco para la supervivencia)

Los aficionados a los refranes tienen uno que aplican con resignación cuando las cosas se tuercen: “Poco dura la alegría en casa del pobre”. Pues eso; en mi caso, la alegría ha durado tres meses justos. De febrero a mayo. Hace un par de días me comunicaron que la recesión económica no permite que siga trabajando. Vamos, que no me han renovado el contrato en la cocina de la franquicia vasca esa de la que os hablé hace algún tiempo, porque no tienen un clavel. Y lo de trabajar gratis es que tampoco lo veo…

Siendo como soy del Atleti, estoy más que acostumbrado a la adversidad, así que no me queda otra que abrir el bolsillo de la creatividad y tirar de plan D (el B y el C ya quedaron atrás hace mucho tiempo) A día de hoy, mi plan D tiene bastante que ver con las excelencias que ofrecen la investigación y el periodismo gastronómico. Ya os iré contando.

Y precisamente de creatividad va el videopost de esta semana. Nada tan fácil como hacer un bizcocho ligero, para luego aplicarlo tanto a un plato salado como dulce. Hay que echarle huevos, por supuesto, pero también harina para insulflarnos valor y azúcar para endulzar el trance. Lo demás luego viene solo.

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