JAZZ & BRUNCH (o unos minutos publicitarios para combatir la astenia estival)

Lo de hoy no es un post. Bueno, en sentido estricto sí que lo es, porque son palabras escritas en éste, su humilde blog, con vocación de ser leídas. Pero, en realidad, se trata más de un breve consejo publicitario. A lo que vamos: el próximo 25 de septiembre, a las 12 de la mañana, vamos a celebrar el primer Jazz & Brunch estofadodeanimo. El título no deja lugar a la duda; un concierto de jazz, a cargo de Mother Mayhem Trío, combinado con un brunch de domingo a mediodía confeccionado por tres cocineros, entre ellos un servidor. El lugar, el Indreams Café de la calle San Mateo de Madrid. Un trozo de la década de los 50 en mitad de Malasaña.

Qué le vamos a hacer. Creemos en una nueva forma de interpretar la cocina, más cercana a la actividad cultural y menos a la hostelería como la conocemos tradicionalmente. Por eso, partiendo de esta experiencia piloto, vamos a seguir intentando mezclar la gastronomía con la música, las artes escénicas, la fotografía, la pintura o lo que se nos ocurra. Contádselo a vuestros vecinos. Allí os esperamos.

Otra cosa: no os perdáis a Hanna Hart. Esta neoyorquina tiene un programa de cocina en Internet. En él elabora diferentes platos, mientras bebe hasta ponerse pedo como una bellaca. En uno de los capítulos de su “My Drunk Kitchen” intenta hacer un brunch. Otra cosa es que lo consiga.

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UN HUERTO EN CASA (o el día menos pensado me exilio a la montaña)

Así las cosas, de vacaciones aunque con un trabajo cómodo entre manos, he metido en la maleta las cuatro camisetas que tengo y me he instalado en el campo. Así, a lo residencia de verano. Cuando miro por la ventana veo una montaña, y cuando salgo a la calle huele a lo que huele el campo; algo que es difícil de describir, pero que mola.

El campo es un sitio donde apetece ponerse a cocinar. En estos días hemos metido en el fuego arroz para hacer risotto, carne de la sierra y hasta un botillo, cortesía de V y M. También en estos días hemos recogido los primeros tomates de las matas que plantamos en primavera. Y nos los hemos comido. Con eso de que es verano, nos estamos moviendo, no te creas; pasamos por el Jazzaldia de Donosti, por el pirineo navarro, y aún haremos alguna visitilla playera. Sin embargo, por lo menos un ratito cada día, me he acordado de la montaña que se ve desde la ventana. Y me entran unas ganas muy gordas de quedarme en el campo pa los restos.

Así que desde el campo vamos a hablar, como no podía ser de otra forma, de cómo construir un huerto en la terraza de tu casa. No se trata, ni mucho menos, de un vídeo técnico. Más bien son los consejos más básicos para plantar tomates o calabacines. La tierra siempre húmeda y el sol hacen el trabajo sucio, y luego tú te los comes, que es una actividad muy recomendable. Y todo gracias a mi amigo J, que me dejó grabar en su huerto, y se curró un microtutorial que te cagas. Aunque antes de cerrar el chiringuito de este post, un par de recomendaciones para gastrofans:

1. El pacharán Gaizka, una delicatessen para los amigos de la cara más golfa de la endrina. Le quitan la semilla a las bayas y les queda un licor para quitarse la boina.

2. Los fanáticos de la barbacoa y la cocina a la brasa deberían conocer a la gente de Fuegomarket, tienen el catálogo más completo de leña, aromáticas, carbón y maquinaria, y una curiosa forma de entender el fuego y su efecto sobre los alimentos. En breve, sabréis mucho más de ellos.

Hale, a disfrutar de la canícula.

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