Un buen día para el héroe de la clase trabajadora

Como de costumbre, llego tarde. No es algo que haga de forma intencionada, ni un acto de divismo, ni nada que se le parezca. Sólo es que, a veces (no, a veces no; casi siempre) es como si los minutos, las horas y hasta los días se me quedasen pequeños, igual que se me ha quedado pequeña tantas veces la ropa. A lo que voy es que, una vez más, llego tarde para contar (hoy, martes) que el viernes pasado fue un gran día. Tampoco es que ocurriera nada realmente extraordinario, pero sí coincidieron en el tiempo y en el espacio un par de detalles-subidón; detalles de esos que… bueno, yo creo que el calificativo “detalle-subidón” hace inútil cualquier explicación, ¿no? Pues eso.

El primero de esos detalles sonó a cerrojazo, pero un cerrojazo dulce. El viernes mandaba la sensación de haber cerrado una etapa sin rencores. Se acabó lo que para mí era la idea perfecta hace dos años, y que rápido dejó de serlo. Por eso, chicos de Miramapa, sólo espero que tengáis toda la suerte que pueda caber dentro de un proyecto. Que os ilumine la inspiración, que se pongan en fila india todos los planetas y que Google os deje encima de la mesa lo antes posible un cheque con el tamaño de todos vuestros sueños.

El segundo detalle apareció en la escuela, de la mano de S.F., uno de los profesores más reputados de los que circulan por allí. Debo decir que en los últimos meses he dado el coñazo hasta a los bedeles con el soniquete de que estoy buscando trabajo en una cocina, ya sea cocinando propiamente, pelando cebollas o fregando la batería, si fuera necesario. El objetivo, más allá de lo económico (que ya empieza a ser urgente, para qué nos vamos a engañar), es intentar aprender apretando el acelerador, además de ventilar un poco la mollera, que después de tanto tiempo sin trabajar a uno se le está empezando a quedar cara de vendedor de Biblias en Azerbaiyán. El caso es que lo que S.F. traía el viernes en la mano era un número de teléfono. A veces, un simple número de teléfono apuntado en un papel arrugado puede alegrarte el día, sobre todo si el titular tiene la posibilidad de darte curro.

Así que en esas estamos, saboreando aún lo que queda de dulce en el recuerdo del viernes, y esperando una llamada de teléfono que puede hacerme entrar de cabeza en la segunda fase de mi cambio de vida. Ya os iré contando.