Microrrelato pequeño y, en consecuencia, redundante II

Era un tipo absolutamente normal. Absolutamente normal en cualquiera de las facetas de su vida; sus gustos eran absolutamente normales, su forma de vestir era absolutamente normal. Sus pensamientos, sus acciones, su relación con los demás. Todo era absolutamente normal. Tan absolutamente normal era que, cuando fue consciente de que podía predecir y satisfacer los gustos, los pensamientos, y las acciones de quienes, como él, eran absolutamente normales, se convirtió en alguien especial.

 

El peor cocinero del mundo

Hoy, precisamente hoy, día 21 de octubre, se cumple un mes desde que se inauguró el curso de “Cocina y Gastronomía” en la Escuela Superior de Hostelería. Así que hoy, precisamente hoy, escribiremos en el blog. La verdad es que podía haberme prodigado un poquito más, y haberle echado un rato a esto de las teclas para contar que ya hace frío en Madrid, que el otro día me salió salado el arroz o que si sales a buscar setas ya puedes madrugar, porque si llegas a las nueve se las habrán llevado todas. Sin embargo, he preferido esperar, no sé muy bien si por aquello de darle un poco de misterio a la cosa, o sencillamente porque no tenía nada demasiado relevante que escribir. Pero hoy sí. Hoy, precisamente hoy, se cumple un mes desde que se inauguró el curso de “Cocina y Gastronomía” en la Escuela Superior de Hostelería.

Treinta días dan para mucho. Dan, por ejemplo, para incluír nuevas palabras a tu vocabulario, como “entremetier” o “salsero”, que antes ni siquiera conocías. Dan para bolear mucho pan, para hacer un par de exámenes y hasta para aprender a agachar la cabeza cuando un jefe de cocina te pega un grito. Dan para conocer la diferencia entre una salsa española y una Velouté. Treinta días dan para equivocarte, rectificar y volver a equivocarte. Treinta días dan para darte cuenta de que eres el peor cocinero del mundo, pero cocinero después de todo.

No sé si a alguien le importa lo más mínimo, pero estoy gozando tanto de la experiencia que no puedo evitar pensar en Freddy Mercury cuando decía “No me detengas ahora, porque me lo estoy pasando bien”. Ya habrá tiempo de lamentarse. Y sí, J.J.; la canción de hoy va por ti.