Ruido

Después de más de dos semanas sin escribir una sola palabra, ya empezaba a sonarme ruido en la cabeza. Qué le vamos a hacer; uno es de naturaleza responsable para según qué cosas, y el hecho de dejar el blog abandonado a su suerte durante tanto tiempo tarde o temprano te acaba retumbando. Y lo que son las cosas; en este momento en el que me pongo a escribir, el ruido entra por la ventana con la forma de una motosierra que poda los setos que hay debajo de mi casa.

Si tuviera que resumir en ruidos los quince días baldíos que han dejado en barbecho ésta, su bitácora, supongo que entre ellos abundaría, como no podría ser de otra forma, el sonido de tapas de cacerola apoyándose sobre la encimera, por ejemplo. O el gorgojeo de agua hirviendo, el sonido crispado de la carne en la sartén, el crujido de un puerro partiéndose o el timbre que anuncia que el microondas ha cumplido con su cometido. Sin embargo, también han existido ruidos que, en buena parte, han tenido la culpa de esta sequía de letras. Ruidos, en unas ocasiones, como el tecleo insolente que no respeta los fines de semana, y que se disfraza de trabajo freelance a mayor gloria de quienes necesitan hacer avituallamiento de pasta, no vaya a ser que vengan mal dadas. Estruendos, en otras, de apatía o de falta de tiempo que perder. A veces, incluso, la explosión sorda de quien no tiene nada que contar.

Si lo piensas un rato, podrías jalonar los momentos claves de tu existencia solamente con el ruido que los ha ambientado, desde el llanto mismo que ameniza el nacimiento. Bueno, para los sordos esta teoría no sería del todo correcta. “Todos me miran mal, salvo los ciegos, es natural”, que diría Paco Ibáñez. En todo caso, si de algo me he dado cuenta en este par de semanas es de que el ruido que rodea cada uno de tus pálpitos vitales es el correcto la mayoría de las veces. Por eso, lo suyo es no dejar de sentirlo. No dejar de sentir el ruido.

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Una respuesta

  1. Se te echaba de menos, la verdad. Otra vez que tengas tanto ruido ponte tapones, pero no nos tengas tantos días de sequía.

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