Madrid

Hoy todavía no es más que un sueño, pero tampoco tengo que hacer grandes esfuerzos para visualizarlo con claridad. La meta última de mi viaje tiene la forma de un restaurante pequeño, apenas seis u ocho mesas, y una cocina apañada donde esconderme a diario a hacer lo que más me gusta: cocinar. En la sala, amortiguando las conversaciones, suena música; a ratos, acordeones parisinos, y otras veces, el saxo de John Coltrane, la guitarra de Niño Josele o el bandoneón de Astor Piazzolla. Notas y frases que se mezclan con los aromas y los sabores que desfilan en platos de loza cuadrada. Hasta aquí, ningún problema.

Sin embargo, es encontrar la ubicación perfecta sobre el mapa lo que más difícil le está resultando a mi fantasía. Porque hay días que lo veo claro, y el restaurante de mis entretelas aparece en alguna de las calles que acaban desembocando en la Gran Vía, el gigante de luces, asfalto y escaparates que todavía hoy me produce la misma sensación que cuando era niño, y no veía la hora de hacerme mayor para poder vivir allí, arropado en lo más alto del más alto de los edificios.

Pero basta un parpadeo para imaginar mi bistró en el barrio de Malasaña, el lugar donde he conocido lo mejor y lo peor de mí mismo. O cerca de Lavapiés, el único escenario que cambia de decorado dependiendo si es de día o de noche, o por lo menos eso me parece a mí. La ruleta de los destinos ideales sigue girando en mi cabeza, y llega hasta el Retiro y los edificios señoriales, y sin dejarme casi pensar se traslada a La Latina, Moncloa, el Carabanchel de mi independencia o el Príncipe Pío que me espiaba cuando, con metro y medio de ingenuidad y flequillo de franciscano, creía que aquél sería mi barrio para toda la vida.

Y es entonces cuando recapacito y caigo en la cuenta de dos cosas. La primera, que tal vez sea demasiado pronto para soñar, por lo menos a las alturas de viaje a las que estamos. Y la segunda, que sea donde sea, mi restaurante estará en Madrid. Mi sitio en el mundo. La ciudad de mis sueños.

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Una respuesta

  1. Madrid ganará en esas luces de la Gran Via y en todo lo que tú tienes visualizado de este nuestro Madrid con ese pequeño restaurante parisino que solo tú sabrás darle el sabor castizo suficiente para que, sea en el barrio que sea, será tu sueño hecho realidad.

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