Sifón, día 1

Tal vez sean las ganas de empezar a que esto ruede lo que le ha echado sal a este martes parcialmente nuboso en la meseta central. Mientras la radio hablaba de aviones que no se atreven a volar, de tesoreros con cara de extraperlistas, y por la calle la gente estornudaba maldiciendo la rinitis alérgica, yo comenzaba el día en la primera fila de un curso de cocina con sifón de espumas.

La escena era graciosa. Una profesora; doce amas de casa cuarentonas, en el mejor de los casos; un atento ejecutivo, yerno perfecto aunque pegado a un teléfono móvil que no paraba de sonar; y un servidor, completábamos el elenco más rocambolesco que ha dado la Historia de la Gastronomía Moderna. Y en el medio de todos nosotros, el sifón, nuestro amigo durante las próximas diez semanas.

No ha sido una mala clase para empezar, la verdad: sardinas marinadas en pimienta rosa con espuma de frambuesa, tomates confitados en orégano sobre espuma de Idiazábal y, de postre, espuma (no podía ser de otra forma) de crema catalana con gelatina de limón. Los ingredientes en tres fuegos a la vez. Y en el aula, fotos a los platos, chisporroteo de anécdotas de vecindario (adinerado, sí, pero vecindario después de todo), intercambio de recetas personales y una mezcla de olores que le alegraría la mañana a los menos propensos a la sonrisa matutina.

Es posible que para la mayoría de los catorce que allí estábamos, este curso sea una herramienta de ocio, una vía de escape, la forma de echarle barniz a los meses que dura el paro, o el alfa y el omega para triunfar y sorprender en las celebraciones domésticas. Pero no para mí. Yo tengo un plan; un plan con un camino kilométrico por delante, que hoy no ha hecho sino dar un golpe más de rueda, rumbo a la meta. Eso es lo que le ha echado sal a este martes parcialmente nuboso en la meseta central. ¿Creéis que alguien se habrá dado cuenta?

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Una respuesta

  1. Jamás había leido una descripción con tanto detalle y tan bien hecha ni el mismisimo Edgar Alan Poe, si es así como se escribe. Si cocinas como escribes, que pienso que sí, adelante con la idea de deleitarnos con la poesía de tus platos.

    ¡¡¡Ánimo!!!

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